Archivo de la categoría: † мιѕ eѕcrιтoѕ †

Redención.

Era una magnífica tarde de invierno, mientras disfrutaba del maligno invento humano, llamado Internet, cuando mi celular sonó, para darme cuenta de que era un inusual mensaje de mi amigo Azael, informándome que su bebé por fin había visto luz.

Exaltada, y con una gran sonrisa dibujada en mi siempre desganado rostro, me levanté de la silla colocada frente a la computadora del escritorio ubicado en mi recámara; y rápidamente, me recogí el cabello, me enjuagué la cara y me puse unos jeans limpios dejando la misma playera rojiza que traía desde muy temprano. Tomé una bufanda negra, los converse negros y salí disparada en dirección al hospital.

El tráfico enloquecedor me ponía aún más nerviosa dentro del mal oliente camión. Durante el lento viaje, trataba de imaginar el dulce rostro del nuevo ser humano que hoy era bienvenido a nuestro andrajoso mundo. “Quizás tenga los ojos azules como Azael…” pensé. Mi amigo siempre fue atractivo, y su ahora esposa, desde el primer momento en que la vi, me ha parecido una mujer hermosa. Así que comencé a dibujar un angelical niño de tez pálida, ojos verde-azules, labios pronunciados, y cabello rizado de un color rubio o castaño claro brillante.

Entorpecida por el calor, buscaba no pasarme la calle donde debía bajarme. Según recordaba bien, el camión debería dejarme justo frente al hospital, así que no habría pierde.

Y así fue, pedí la parada y de pronto me encontraba delante de la gran puerta de cristal que debía cruzar para ingresar al antiguo hospital San Hamburg Toledo. Golpee mi frente con la palma de mi mano, al percatarme de que había dejado el regalo que había comprado para el nuevo bebé. No era mucho, pero había gastado parte de mis ahorros en distintos detallitos como camisitas, juguetes, calcetines, mamelucos, una cobija y un pequeño suéter. Todo lo acomodé en una canasta, adornándolo con papel picado de color azul y blanco y ciertas figuritas hechas con foami en forma de angelitos y un gran letrero que decía “Felicidades”.

Pero bueno, podría ir cualquier día a casa de Azael para llevarle mi ahora abandonado regalo. Entonces, me acerqué a la recepcionista y pregunté por el área de maternidad. Me di cuenta de que estaba hablando muy rápido, mis nervios estaban agarrotando mi lengua. De verdad sentía mucha felicidad corriendo por mis venas al saber que mi amigo por fin había logrado conseguir lo que con tanta amor añoraba ya desde hace años.

Caminé hacia adentro, y luego giré a la izquierda como me indicaron. Recorrí un largo pasillo y me topé con unas enormes escaleras que yo sabía debía subir. Por un momento, me sentí extraviada, era un hospital muy grande y con varios pasillos. Pero los letreros eran los suficientemente claros para poder llegar a mi destino en algún momento.

Respiré aliviada al pasar por enfrente del cuarto con los cuneros. Me detuve de golpe a observar a los bebés. La mayoría estaba durmiendo. Transmitían mucha paz y una angelical tranquilidad. No pude evitar sonreír y quedarme pegada al cristal como tonta. Eso, hasta que una mirada penetrante me hizo salir del trance. Era una enfermera que me miraba con curiosidad, casi a punto de reír. Me sonrojé, agaché la cabeza y seguí mi camino… Pude escuchar una dulce risa a lo lejos, casi inmuta, pero no me molestó, sólo me hizo enrojecer aún más.

Por fin llegué al área donde estaban los cuartos. Todas las puertas con carteles que enunciaban la hora, nombre, peso y medida de los recién nacidos. Como era de esperarse, no recordé en ese instante cuál era la habitación donde se encontraba Azael. Así que saqué mi celular y comencé a buscar en la bandeja de entrada, un mensaje ya de hace unos días donde mi amigo me decía el número de cuarto.

Era el 206. Me paré frente a la puerta. El cartel decía “Natanael Novoa Do Carmo, 15:33, 2.755 Kg, 56 Cm. “Natanael…” repetí en mi mente. Ese nombre siempre le ha gustado a Azza, “debe encontrarse muy feliz”, pensé.

Toqué la puerta, “adelante” se escuchó desde dentro de la habitación. Lentamente giré la perilla, y primero asomé la cabeza. Azael estaba cargando al bebé, de pie, dando vueltas por todo el lugar, sonriéndole y diciéndole cosas lindas y cursis que jamás habría pensado escuchar salir de la boca de mi mejor amigo.

Primero me acerqué a Andrea, la esposa de Azael. Le toqué la mejilla y le dije “Muchas felicidades, hermosa.” Ella, aún cansada por la operación, la cual fue una cesárea previamente programada, me respondió con una tierna sonrisa, dejando al descubierto sus adorables hoyuelos que perfeccionaban su inigualable sonrisa.

Entonces me di la vuelta, y Azael y yo nos miramos. No pude disimular mi emoción y de un salto ya estaba a menos de 10 cm de distancia de él. “Felicidades, sonzo.” Y estiró sus brazos y me entregó a Natanael. Nunca he sabido cargar niños, así que me puse temblorosa y comencé a sonreír llena de nervios. “No seas tonta, es sólo un bebé, abrázalo…” y eso hice. Fue una sensación bellísima. El pequeño bebé dormía, o al menos eso creía. Porque de pronto abrió un poco los ojos, y en efecto, eran tan azules como los había imaginado en mi cabeza. Acaricié su carita, “Hola pequeño, qué guapo eres.”, le dije en tono suave. Su cabello era de color chocolate, sólo acerté en el brillo, pero al menos no me equivoqué en el sorprendente parecido de Natanael con su padre. Y además, era de esperarse, son una pareja como de telenovela donde ellos son los protagonistas. Ya saben, agradables y obscenamente atractivos a la vista. Así que se tornaba imposible el hecho de que su hijo no tuviese las mismas características.

Estuve jugueteando y tarareando para Natanael por un buen rato. Después de pasearme por toda la habitación, una y otra vez, entonces me senté en uno de los sillones de la pequeña sala que se encontraba a mitad del cuarto. Elegí el que me dejaba de frente a la ventana. Yo podía observar las calles y la encantadora puesta del sol. Me sentía muy bien.

Para mi sorpresa, el silencio nos invadió de repente. Curiosa, volteé hacia atrás, y me di cuenta de que la feliz pareja dormían tranquilamente. Andrea en su cama, y Azael en una silla a lado de su mujer, sosteniéndole la mano con la suya. Me pareció una escena muy bella. Así que me puse de pie y seguí paseando con Natanael, y finalmente lo dejé en su cunita.

Me senté de nueva cuenta en el enorme sillón, el ambiente estaba invadido de paz. Casi me quedé dormida, pero Azza me despertó tocando mi hombro. “Hey, Ann’ disculpa que me haya quedado dormido… estamos muy cansados.” Me dijo con su lindo rostro apenado. “Tranquilo, me fascina estar aquí, contigo, de todos modos.” Se sentó a mi lado y recostó su cabeza sobre mi hombro. Me parece que nos quedamos dormidos durante sólo unos segundos, pues Andrea llamó a mi amigo. “Amor… podrías ayudarme a levantar, por favor” “Claro, mi amor…” y Azael se puso de pie rápidamente. Él se acercó a ella, y la levantó dulcemente de su cama y la llevó hasta el baño. “Gracias, mi cielo” ella respondió. Él sólo la miró y sonrió. Debo aceptar que eso era más que suficiente.

Yo me quedé sentada, mirando el ahora oscuro cielo, adornado con un poco de estrellas. Me acomodé y volví a dormir.

Comencé a soñar, estaba en el mismo hospital, pero yo me encontraba en la cama, vestida con un camisón blanco y muchos arreglos florales y globos a mi al rededor. Pero no eran azules, todo era rosa… y las letras en los globos formaban la oración “Felicidades! Fue Niña”, confundida, traté de levantarme de la cama, pero una voz me detuvo y me dijo “no lo hagas Ann’, podrías lastimarte…”, volteé pero no había nadie. Y en un parpadeo, tenía un bebé entre mis brazos… era una niña, hermosa, de piel canela, cabello ondulado y castaño oscuro. Unos pequeños labios rosados y unas cejas perfectamente delineadas… Abrió los ojos y me miró fijamente. Casi podría jurar que ese bebé me sonrió como si fuese un niño de más edad. “Esos ojos… esa mirada” pensé, “los he visto antes, ¿dónde los he visto?”

En otro parpadeo, mis amigos rodeaban mi cama y no dejaban de felicitarme. Todos mencionaban lo felices que se encontraban, que era un sueño hecho realidad que por fin yo tuviera en mis manos a Victoria.

Cuando escuché ese nombre, todo se volvió oscuro, y a mi lado apareció… él. Sosteniendo a mi bebé, a mi Victoria. Sonreía dulcemente, y acariciaba la cabecita de la niña mientras le decía lo mucho que la amaba, tanto como a su mamá.

No pude moverme, me quedé paralizada, con los ojos abiertos como plato y cristalizados por la increíble cantidad de lágrimas que obstruían mi vista. Parpadeé de nuevo, y yo veía desde arriba una escena que desde hace mucho tiempo luché por borrar. Estábamos Él… y yo, tirados sobre el pasto de un parque que amábamos visitar, dibujando figuras con las nubes y riendo de torpes comentarios como solíamos hacerlo. Hasta que Él, se levantó un poco quedando recargado sobre su codo y ante brazo, con su cara hacia mí, entonces escuché que decía… “Te imaginas… ¿juntos tú y yo para siempre? Imagina nuestra hija Victoria corriendo por este parque… nuestros cuatro perros cuidándola mientras disfrutamos de un picnic… para luego irnos a casa, ver TV y quedarnos dormidos abrazados…”

Comencé a llorar, caí de golpe en el pasto y la escena desapareció. Un sinfín de imágenes empezaron a atacar mi cabeza. Recuerdos sepultados salían profanando las tumbas que con tanto trabajo creé. Mil ideas, proyectos, sonrisas, llantos, experiencias… todo lo que había vivido con Él.

Entonces desperté, mi corazón estaba tan alterado que lo escuchaba rezumbar en mis oídos. Mis mejillas estaban empapadas de lágrimas y casi no podía moverme… Me limpié los rastros de dolor y me puse de pie. Cabizbaja, caminé hacia la pareja, que se encontraba en la cama, Andrea abrazando a Natanael, y Azael envolviéndolos con sus brazos… no pude más. “Debo irme Azza, he recordado un pendiente y no puedo quedarme más…” mientras hablaba, caminaba hacia la puerta. “¿Estás bien, Ann’?”; “Sí, muchas felicidades, Natanael es un ángel… Nos vemos mañana”, cerré la puerta y me fui.

Seguí llorando durante el trayecto hacia la salida, mis ojos empapados entorpecieron mi caminar, y caí por las escaleras… no me quise levantar. Era imposible detener mi llanto, mi corazón estaba retorciéndose. No sabía qué estaba pasando, ya estaba bien. “No lo entiendo… ya te había olvidado…” pensaba mientras golpeaba mi cabeza contra el escalón… “se supone que ya no estás más dentro de mí, por qué estoy llorando de esta manera… quizás… sólo quizás porque toda mi vida estaba planeada junto a ti… mis hijos… mi hogar, mi carrera, mis sueños… en todo estabas tú… ahora sólo hay nada…”, de pronto sentí que alguien me tocó. Era la misma enfermera que con anterioridad me había visto pegada al cristal que daba a los cuneros.

“¿Estás bien?” Me preguntó en tono de preocupación. Apenada, otra vez, quise reincorporarme y sequé un poco mis ojos. “No, no lo estoy”. “¿Quisieras contarme…?” Me dijo de modo que, sabía que no sólo era por curiosidad, realmente quería escucharme. Intenté quedar de pie, pero caí de un sentón en el escalón, y preferí quedarme sentada. Ella se puso a mi lado.

“Hace unos años…” Comencé. “… conocí a un hombre; un niño en realidad. Era de tez morena clara, ojos grandes y profundos, oscuros… no muy alto, delgado pero con buena masa muscular. Su cabello era largo, enmarañado a la vista, pero era muy suave y de color negro. Usaba anteojos, mismos que no se alcanzaban a percibir por ese enorme arbusto de cabellos que llevaba sobre su frente. Y debajo, unas cejas hermosas y alineadas que a cualquier mujer nos causaba envidia. Era reservado, serio, pero con una diminuta sonrisa encantadora.

Lo vi por primera vez en la universidad, ahí estaba él, cabizbajo, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, vistiendo una sudadera negra y cargando una enorme mochila en la cual supuse llevaba su laptop. Fue un encuentro irrelevante, desapercibido, ni siquiera pude recordar su nombre camino a casa…

Los siguientes días, sólo lo veía a él, sólo estaba él. En el pasillo, en la mesa de la cafetería, en el jardín… Y yo sólo disfrutaba de su compañía. Cierta vez caminamos bajo la lluvia y nos detuvimos en un parque cercano a mi casa y nos columpiamos mientras platicábamos hasta finalizar el día. Y entonces me acompañó a mi hogar. Después, me di cuenta, estaba enamorada.

Fueron sólo dos semanas para que diéramos un paso más allá de la amistad, yo enloquecí de alegría. Comencé a sentirme como una niña de quince o trece años que recién tiene un novio y no sabe cómo comportarse. Cohibida, tímida, feliz. Debo decir que fueron los años más maravillosos de toda mi triste existencia…” empecé a llorar al terminar la frase. La enfermera sólo me miraba con atención y sostenía una sonrisa de apoyo mientras tocaba suavemente mi espalda. “Tranquila, si quieres seguir… te escucho.” Sonreí, y respiré lentamente para recobrar el aliento.

“Pasamos por muchas cosas…” proseguí. “… tuvimos de todo: alegrías, llanto, peleas, discusiones, diversión, intimidad… pero sobre todo amor. Mucho amor. Éramos casi una pareja perfecta, de hecho, decidimos planear un futuro… pensamos en el nombre de nuestros hijos, la cantidad e imaginábamos tontamente lo que haríamos junto a ellos. Pensamos en mascotas, una casa, viajes, irnos lejos de aquí. Pero sobre todo el énfasis en “nuestra Victoria”, la niña que sería nuestra princesa, nuestra hija adorada. Es más, en una ocasión yo creí estar embarazada, y en vez de asustarnos y preocuparnos por lo que pensarían nuestros padres, dado a lo jóvenes que aún éramos, nos alegramos y comenzamos a fantasear una vida a lado de nuestro bebé. Lamentablemente, todo fue una falsa ilusión, y ambos nos entristecimos al saber la respuesta negativa de mi supuesto embarazo.

Como verás, yo no podía imaginar mi vida a lado de ningún otro ser humano. Con él… yo estaba completa, podía pasar una mañana a lado de él, tirada sobre la cama, abrazados viendo televisión… o una tarde paseando por un parque hablando de sandeces o corriendo en el estacionamiento de un centro comercial…” reí un poco. Esa anécdota en específico, en ese estacionamiento siempre me ha parecido divertida y linda. Casi caí sobre mi cara, pero gracias al equilibrio que nunca supe de dónde salió, evité la feroz caída.

“Pasaron dos años, dos magníficos años, de igual forma… lleno de todo. Entonces, se llegó un fin de semana. Tuvimos una fuerte discusión, tan fuerte que creímos que hasta ahí había llegado todo. Ni siquiera puedo recordar con exactitud qué fue lo que inició dicha pelea, sólo, para mi lamento, puedo mencionar que yo fui la que comenzó… Él salió muy enojado de mi casa yo, por mi parte, ante la gran furia que corría por mis venas, decidí quedarme, no lo seguí ni supe más de él hasta el día siguiente, pese que ambos teníamos un acuerdo de que… por muy enojados que estuviéramos, no dormiríamos sin hablar. Pero como él no me llamó, yo tampoco hice intento alguno para contactarlo.

A la mañana siguiente, aún enojada, traté de llamarlo varias veces al celular. Pero no hubo respuesta alguna. Quise marcarle a su radio, a casa de sus abuelos y dos o tres amigos que tenemos en común, pero nadie supo decirme de su paradero.

Pasaron las horas y comencé a enloquecer, pero de coraje. Pensé en mil y un cosas malas sobre él, pensé… en dejarlo y no volver a estar con él nunca más. Mi cabeza estuvo aborreciéndolo  durante todo ese tiempo, hasta que sonó el teléfono de mi casa. Corrí furiosa a contestar, algo me decía que sería él…

… me desmayé, no pude asimilar, en medio del parálisis que había ocasionado la noticia que me dieron vía telefónica. Ni siquiera pude distinguir la voz, sólo escuché las palabras “está muerto… los policías que lo encontraron dicen que una banda de delincuentes, trataron de robarle sus pertenencias a unas cuadras de la avenida principal cercana a su casa, y en el forcejeo, una navaja atravesó su pecho y en minutos murió.” Cuando desperté, comencé a hiperventilar, no pude detener la exagerada exaltación producida en esos momentos, quise levantarme y a rastras pude llegar a la cocina. Quería morir en ese preciso instante. Le marqué a Azael, mi mejor amigo, apenas si pudo escucharme cuando simplemente colgué el teléfono y volví a caer al suelo. Entonces, minutos después, desperté y salí corriendo a casa de sus abuelos. Corrí, literalmente corrí por las calles, llorando, rezando porque todo fuese un malentendido… tomé mi celular y marqué a sus padres. Su padre me contestó, frío… triste. Sólo pudo decirme que lo sentía mucho, que él también estaba destrozado.

Entonces volví a caer. Llorando, acurrucada entre mis brazos, de pronto me encontraba a la mitad de la calle sin saber qué hacer o decir… mi celular comenzó a sonar, y era mi hermano. No pude contestarle al instante, pero él estaba preocupado pues había dejado un desastre en las escaleras y además había olvidado cerrar la puerta. Entre gritos y lamentos, le dije dónde me encontraba… y fue por mí.

Ansioso, me levantó bruscamente del suelo, le había molestado bastante el encontrarme tirada a media calle llorando y él sin saber por qué. Cuando me sostuvo de los hombros, yo no podía hablar. Mi mirada estaba perdida y mi corazón ya había dejado de latir. No quería saber nada, no podía pensar más, mis piernas no respondían… de mi boca simplemente pude decir “y todo fue por mi culpa… de no haberlo lastimado, no habría salido de esa manera de mi casa a esas horas de la noche…” Mi hermano, confuso, me sacudió varias veces, pero yo no paraba de decir “es mi culpa”, y entonces volví a desmayarme.

Desperté sobre mi cama, con mi madre, hermano y Azael alrededor de mí. Ninguno decía nada, sólo me miraban con alivio y sobre todo mamá… pero comencé a llorar de nuevo. Todos salieron de mi habitación y me dejaron llorar hasta que no pude más y caí en un profundo sueño mortal… duré así varios días, hasta que tuve que pararme de la cama para asistir al funeral.

Ha sido lo más difícil que he hecho en años. Su familia, triste, loca de amargura… abrazados y vestidos de negro, llorando alrededor del ataúd que guardaba el cuerpo frío de Él. Flores, silencio, personas desconocidas bebiendo café… y yo, parada frente al cajón, no me atreví a acercarme más durante horas, hasta que Azael me dio un empujón y entonces pude verlo.

Estaba tan tranquilo, como si estuviera durmiendo. Aún se podían apreciar sus perfectas cejas y el cabello, ahora más corto, enmarañado como siempre. Puedo jurar que estaba sonriendo, yo podía sentir su alegría a través del cristal. Me quedé mirándolo otro par de horas, sin hablar… casi sin respirar. Azael estuvo a mi lado hasta altas horas de la madrugada, me acompañó al entierro donde enloquecí una vez más. Nadie podía detener mi estruendoso lagrimeo y palabras de culpa que no podía callar… mi hermano llegó y me abrazó fuertemente contra su pecho, me detuvo por un instante, pero perdí fuerzas y me desvanecí. Me llevaron a casa y me recostaron, sólo dormí…

Día tras día intenté levantarme, pero sólo quería morir… sólo quería llorar. Comencé a volverme irritable, triste. Caí en una depresión tremenda, todos estaban cansados de mi comportamiento… tanto, que optaron por no decirme nada más. Mis amigos me dejaron de buscar, mi familia sólo me visitaba en la habitación de vez en cuando sólo para que no dejara de comer. Azael dejó de buscarme un tiempo sólo porque mi mal humor cierto día hizo que lo corriera groseramente de mi casa…

Después, todo fue peor. En menos de seis meses intenté suicidarme tres veces, todas ellas fallidas, sin razón alguna lógica. Lo intenté con medicamentos en exceso, navajas en mis venas y una cuerda en mi cuello, pero nada funcionó. Las tres veces mi hermano llegó a tiempo salvándome la vida y regañándome furioso y yo sin despertar. Sólo era un zombie.

 

Mi madre decidió buscar ayuda para sacarme de la depresión. Como era de esperarse, terminé frente a un psiquiatra y más de once psicólogos. Lo único que puedo decir que me ayudó, fue el medicamento anti-depresivo que comenzaron a administrarme. Partiendo de ahí, empecé a resucitar. Regresé a la escuela que en esos meses dejé, busqué a mis amigos y me disculpé más de un millar de veces con mi familia y con Azael.

Me cansé de llorar, me cansé de sufrir por un fantasma… por algo que, aunque yo me sigo culpando, sé que no regresará jamás. JAMÁS ni en un millón de años…”

“Entonces…” la enfermera me interrumpió. ” ¿Ahora ya te encuentras mejor… no?” “Se puede decir que sí” le respondí. “Conforme fueron pasando los años, y con apoyo de todos los seres queridos que no me abandonaron, salí adelante. De hecho, hasta empecé a salir con otros hombres. Cosa… que no dio mucho resultado, nunca estoy bien cuando tengo pareja. Siempre me encuentro vacía, inconforme. Pero al fin y al cabo, me convertí en algo más que un zombie. Regresaron las fiestas, borracheras, como ya lo dije… hombres, estudio, una vida. Pero sigo estando vacía… han pasado años y sigo vacía, muy vacía.”

“No es correcto que te sientas así…” Me dijo ella en tono regañón. “Para empezar, deberías dejar de sentir culpa, lo hecho, hecho está y eso no cambiará nunca. Él que te hayas equivocado, o el que la vida te haya arrebatado algo que no te correspondía, no justifica el gran vacío que ahora estás sintiendo. Es mentira que has salido adelante, yo percibo que sigues donde mismo. No retomaste tu vida, sigues perdida en los proyectos a largo plazo que habías planeado junto a él… Y por más frío que suene, debes entender que eso ya no pasará. Tienes que “resetearte”, comenzar a pensar en que la vida sigue y que tu futuro lo estás creando de nuevo. No es necesaria la existencia de alguien más para que tú puedas caminar, respirar, disfrutar o vivir… Sé que lo amaste mucho, o que quizás lo sigues amando. Pero eso no es malo, está bien sentir amor en nuestro corazón, pero no has dejado que se vaya ni él, ni la culpa que sientes día a día. Perdónate, linda, respira y date cuenta de que es lo único que te falta. Él ya está en otro lado, él también tuvo sus errores así como tú, pero su alma está ya en otro mundo. Tú sigues viva, aún tienes la opción de ser feliz, de poder estar con alguien más. Alguien que no llene tu vacío, alguien que llegue cuando ya estés completa… porque ese vacío sólo lo llenarás tú y nadie más…”

La enfermera tenía tanta razón, no me había perdonado del todo. Siempre seguí torturándome al pensar en que todo fue mi culpa. Y que, aunque así haya sido, debo seguir… no puedo continuar hundida entre tanta melancolía. Rodeada de mucha gente pero aun así sintiéndome sola, incompleta.

“Es cierto todo lo que me acabas de decir… y te lo agradezco.” le dije con una media sonrisa. “He sido tan tonta, y lo peor… es que sé que puedo dejar de lamentarme en cualquier momento. Pero así soy, me gusta el drama, me gusta lastimarme y prefiero pasármela llorando en vez de reír o disfrutar… sé qué debo hacer, y lo haré, juro que lo haré…”

Ella me puso de pie y me llevó hasta un pasillo donde se encontraba Azael recargado y con un rostro de preocupación y angustia, que mi corazón sucumbió y sólo corrí a abrazarlo. “¿Estás bien, pequeña?” me preguntó al oído. “Creo que lo estaré… ella me ha dicho cosas muy ciertas…” señalé hacia donde se encontraba la enfermera. “¿A.. quién?” Me dijo Azael sorprendido. “Preciosa, llevas horas hablando sola en las escaleras, estuve escuchando un rato pero después me puse un poco nervioso y decidí dejarte continuar y me vine para acá… pensé que sería una buena terapia.” Mis ojos estaban tan abiertos del susto y miedo que corría por todo mi cuerpo que comencé a tartamudear…. “No estaba hablando sola! Estaba hablando con una enfermera muy hermosa! Su piel era de tez muy clara, sus ojos negros y cabello rubio largo y lacio adornado con su gorrito del uniforme…” Dije espantada. “Tranquila Ann’, quizás necesitabas ayuda de más arriba y así te la enviaron, como una bella mujer…” rió entre dientes.

“No juegues Azael, yo no creo en esas cosas…” dije molesta, alejándome de él. “Creas o no, yo sí. Y verás que después de lo que has escuchado, tus depresiones comenzarán a disminuir. Al parecer arriba se han dado cuenta de que a nosotros no nos escuchas. Date cuenta de que respiras por ti misma, de que sonríes por ti misma… que no lo necesitas y que además no estás sola. Déjate amar, pero también ama. Y verás que ese vacío va a desaparecer…”

Abracé a mi mejor amigo y entonces regresé a casa.

Desde entonces, no he vuelto a llorar. Fue un tanto impactante el pensar en la desesperación de allá arriba al verme tan deshecha… Mi corazón aún no ha vuelto a latir ni a sentir ese calor que alguna vez llegó a sentir… pero esta vez, si estaba tratando de seguir adelante, tratando de ponerme de pie cada mañana pensando en que mi nueva vida me necesita y no puedo abandonarla…

Sí, lo extraño mucho. Pero no volverá… Y sé que ahora que me he perdonado, lo he dejado descansar, y que aunque lo ame en demasía, sé que me amo más yo y que detendré esa manía por lastimarme estúpidamente, cuando sé que ser feliz siempre ha sido tan fácil…

y ahora más, que también sé, que un ángel muy hermoso me ha dado su mano para poder continuar…


Cáncer en el corazón.

Bueno, vaya. Después de todo no pude salvarte. No fue mi culpa que fueses tan frágil. Yo estuve contigo, y no sólo en el hospital todos los días todos esos años… Por si no lo recuerdas, te refrescaré un poco la memoria.

Hace poco más de dos años, fue cuando te diagnosticaron ese terrible cáncer. Recuerdo que no parabas de llorar, pero también recuerdo que te abracé fuertemente hasta que por fin te calmaste y me regalaste una sonrisa. Fue mágico ese momento. 
Pasaron los días y tú comenzaste a estar triste todo el tiempo, y más, a partir del día que te dieron todo lo necesario para iniciar el tratamiento de quimioterapia. Tu hermoso y brillante cabello negro empezó a volverse quebradizo, de pronto tu cepillo estaba repleto de tus antes sedosos cabellos. ¿Y recuerdas qué fue lo que hice? Así es, seguí abrazándote, besándote. Te llevé muchas veces a caminar bajo las estrellas, recitándote poemas que me volvían temblorosa la voz por los incontrolables nervios que me provocaba tu presencia. Siempre te miraba a los ojos, a tus grandes y brillosos ojos que me hipnotizaban. Y sólo para decirte TE AMO. Tú siempre me abrazabas fuerte cuando lo hacía, y para mí eso era suficiente.

¿Recuerdas esa noche en la que te preparé la cena? ¿Aquella vez que no parabas de llorar y te hice unos hot cakes a la media noche, todos en diferentes figuras? Recuerdo que el hot cake en forma de Mickey Mouse fue el que te sacó una carcajada melodiosa, sólo porque una de las orejas quedó tremendamente grande en comparación a la cabeza. Y ah! El día de tu cumpleaños cuando no podías pararte de la cama, pero yo te llevé en los brazos a la sala… donde estaba repleto de rosas, globos y todos tus amigos y familiares sosteniendo un gran pastel con veintiún velitas, todas de distintos colores… Recuerdo que lloraste muchísimo, pero de incontenible emoción y alegría. Y por supuesto, cómo dejar en el olvido los columpios que tú amabas… incluso llegué a creer que los amabas más que a mí… y sólo por el hecho de que ahí fue donde te besé por primera vez. 
Siempre me gustó ese lugar… por eso traté de hacerte un columpio con una cuerda amarrada al árbol de nuestro jardín, pero nunca logré que estuviera lo suficientemente firma para soportar tu frágil cuerpo.

¿También has olvidado la primera vez que hicimos el amor? Fue tan maravilloso… Tus ojos llenos de nervios y temor por no saber qué tan bien o mal lo estabas haciendo, yo sólo sonreía, ya que yo también moría de miedo.
Después, con tu enfermedad, era muy difícil que eso sucediera, pero siempre fui paciente, tierno, amoroso…

Y cuando te pusiste tan mal, que tuvimos que ir de urgencia al hospital, lloré toda esa noche a lado de tu cama. Quizás eso no lo recuerdes porque cuando abrías tus ojotes negros, yo sólo te sonreía tiernamente y acariciaba tu mejilla.

Pasaron las semanas, tú estabas peor. Tu cabeza ya no tenía un sólo cabello, tu cutis se veía gastado, ojeroso, pálido. Pero, ¿sabes algo? Yo te seguía viendo hermosa. Aunque a veces hayas querido sacarme de tu cuarto por las mañanas porque según tú te veías terrible, yo sólo reía y volvía a los cinco minutos después de tu histeria. 
A los tres meses, empecé a leerte cuentos por la noche, siempre burlándote de mí porque me quedaba dormido a la mitad y con la boca abierta, de hecho tomaste varias fotos que después yo mismo tuve que ir a revelar. Así que decidí cantarte y hasta bailarte. Esa noche cuando me resbalé por mi fallido intento de baile ruso, reíste tanto que mi corazón casi explotó de alegría y felicidad.

Recuerdo.. que tuve que dejarte tres veces. Y tú sabías perfectamente que no fue con el afán de abandonarte, pero de pronto tuve que atender otros asuntos. Y la tercera vez, donde me tuve que ir de viaje a visitar a mi hermano aún más enfermo que tú, te molestaste mucho. Dijiste que jamás me lo perdonarías. No paraste de llorar durante dos días. Así que me propuse conseguir tu perdón, y a hacerte tan feliz como ya lo había estado haciendo.

Los siguientes meses, comencé a regalarte una rosa por cada sonrisa que me obsequiabas en el día. Recuerdo bien esa semana en la que se juntaron 266 rosas. Tu cuarto mareaba con tan penetrante aroma. Y qué me dices de las galletitas que te horneaba con letreros de colores, todos distintos, entre ellos "Te amo", "Te adoro", "para mi princesa", "amo tus ojotes", "te extraño", "me encantas", "me gustas", "¿vamos a los columpios…?", ésta última te hizo merecer tres rosas con semejante sonrisa que pintaste en tu bello rostro. Pero nunca como aquella cuando me quedé dormido en tus rodillas y me despertaste con un beso. Después de eso, sonreíste de una manera tan divina que salí corriendo a comprarte un ramo con veinte frondosas rosas.

[continuará..]

¿Por qué? .. duele mucho.. mucho… no quiero respirar… no quiero caminar… tus ojotez… tus abrazos… tu calidez… ¿por qué eres tan cruel? no me dejes morir… tu adiós es… terrible… no puedo… no quiero… cada día es peor… no quiero despertar… sólo quiero que llegue la noche.. y así poder descansar… aunque a veces estás en mis sueños… te necesito… necesito tus labios… me estoy volviendo loca… las ansias no me dejan en paz… no paro de temblar… no paro de.. llorar… no me dejes.. no me olvides… por favor no me dejes morir…

Oportunidad…

  • ..Hola?
  • Hola.
  • ¿Quién eres?
  • Hmm.. sólo nadie, ¿y tú?
  • Victoria Vincent…
  • Mucho gusto.
  • ¿Qué hago aquí?
  • Estamos esperando, ¿ves la enorme fila que está delante de nosotras?
  • Cómo no verla! Son muchísimas personas.
  • Haha, lo sé, pero vale la pena esperar. De verdad no recuerdas cómo llegaste aquí?
  • No, sólo abrí los ojos y estaba parada frente a ti…
  • No te asustes, a muchas les pasa… Lo sé porque… no es la primera vez que hago esta fila.
  • ¿Cómo? No entiendo nada. 
  • Verás, te mataron Victoria.
  • ¿Qué? ¿A qué te refieres? Estoy viva.
  • No, no lo estás… toca tu corazón.
  • No lo siento… NO PALPITA!
  • Lo imaginé, ya no tienes corazón.
  • ¿Cómo lo sabías?
  • Tu rostro me lo dice… estás pálida, muy delgada, ojerosa, tus pupilas están tan dilatadas que casi puedo ver a través de ellas… te mataron brutalmente.
  • No es cierto! Sigo viva! El corazón no tiene que sentirse forzosamente! De hecho, casi nunca lo sentía, siempre creí que mis pálpitos eran demasiado silenciosos para ser escuchados.
  • Hahaha, tranquila Victoria, por eso estás en esta fila. Mira, te explico. Esta fila sólo lo hacen las mujeres que fueron asesinadas no físicamente, si no emocionalmente. Tu corazón quedó tan destrozado, que simplemente el polvo que dejó, desapareció en un respiro del viento. Por eso no te duele, porque algo que no existe no puede dolerte.. ¿me entiendes? Si no hubieses aparecido aquí, habrías muerto desangrada. O quizás habrías perdido la razón, aunque me temo que tardaste, ya que no recuerdas nada. Generalmente las personas que pierden la cabeza, suelen olvidar o "bloquear" aquello que las mató. Dime, ¿te duele algo?
  • Pues, no dolor precisamente. Pero… mi estómago tiene una sensación muy extraña. Siento una opresión indescriptible… siento frío, siento… que estoy muerta.
  • Lo ves. No tengo intenciones de mentirte, no ganaría nada. 
  • Pero… por qué dices que debo estar tranquila?
  • Fácil, al estar en esta fila te están dando otra oportunidad. Hay posibilidad de que recuperes tu corazón, completito. Cada una de las piezas de tu destrozado corazón. Y quizás también te devuelvan las lágrimas y la sangre que perdiste cuando te hiciste esas heridas.
  • ¿Qué heridas?
  • Mira tus muñecas.
  • … oh… son muchas marcas.
  • Como te lo dije, perdiste la razón. 
  • ¿Y por qué estás aquí por segunda vez?
  • Bueno, yo no utilicé la segunda oportunidad de manera sabia. Cuando llegué a la puerta a registrarme y regresé al mundo terrenal, corrí con la persona que me asesinó. Le rogué, lloré hasta que mi vista estuvo a punto de desaparecer. Traté de convencerlo, de obligarlo a que me amara.. pero sabes qué hizo?
  • Realmente no.
  • Destrozó mi corazón de una forma tan violenta… que casi estuve a punto de perder la razón también, me asesinó con sus palabras hirientes, me pisoteó, me dejó… por segunda vez. Dejó de amarme, dejó de preocuparse por mí. Prefirió verme marchar bajo la lluvia… destrozada, caminé muchas horas, caí sobre mis rodillas tantas veces que me causé heridas muy profundas.. pero… el dolor del corazón era peor. No sentí cómo la sangre corría rápidamente hasta mis tobillos con ayuda de la fuerte tormenta, hasta que me vi empapada en un charco rojizo… entonces corrí hacia la calle… e intenté ser atropellada… pero no lo logré, de pronto sólo vi una luz… y me di cuenta que estaba en la fila otra vez.
  • No sé qué decir.
  • Está bien.
  • Sabes? Estoy aterrorizada. No quiero recordar por qué estoy aquí.
  • Victoria… cálmate. De todos modos, al llegar a la puerta, te harán recordar. Y te diré algo… No cometas el mismo error. Ya que si en la primera te hicieron perder la razón, tú no podrás volver a la fila. Si regresas a buscar a esa persona, te va a matar. Pero totalmente. No lo hagas.
  • Cómo podré recordar tus palabras? Por favor dime tu nombre.
  • Ángela. 
  • ¿Por qué no me lo querías decir?
  • Hmm… de pronto siento que soy nadie. Esta vez que regrese, no quiero ser Ángela, quiero volver a nacer. No cometeré un error por tercera vez.
  • Tranquila… no te harán daño otra vez.
  • Haha, ojalá, Victoria. Ojalá.

    Estuvieron en silencio varias horas hasta que Ángela entró a la dichosa puerta. Victoria sólo echó un vistazo para atrás, y no podía creer la obscena cantidad de mujeres que ahora se encontraban detrás de ella en la fila. Todas mirándose, algunas con cara de angustia por no saber qué estaba sucediendo… otras… con un rostro tan frío y triste que Victoria sentía un nudo en la garganta sólo con tratar de mirarlas a los ojos. 

  • Tengo tanto miedo. No quiero recordar. No quiero entrar ahí. No quiero… no quiero…
  • Disculpa, estás bien?
  • No, no lo estoy… ¿tú sabes por qué estás aquí?
  • Sí, entregué el corazón entero… y lo acuchillaron. Para luego pisarlo. 
  • Por Dios… no quiero entrar, no quiero… quiero morir en paz. No quiero saber qué pasó.

    La enorme puerta negra de madera se abrió. Y una fuerza extraña la hizo pasar a través de ese magnífico portón… Victoria aterrada al dar el primer paso dentro de la enorme habitación, simplemente cayó al suelo. Totalmente muerta…

  • Un hombre que se encontraba sentado en una gran silla de color negro, sencilla pero imponente… se puso de pie.
  • Lo siento Ángela. Ella no podía regresar. No existe ningún poder tan grande como para regresarla a la vida. 
  • Pero creí que todos merecían otra oportunidad.
  • Sí, claro que sí. Pero en el momento en que recordara el porqué de su muerte emocional, volvería a perder la razón. Y yo me habría visto forzado a matarla físicamente. 
  • No es justo.
  • No, no lo es. Pero… no hay sufrimiento más grande que el que ella tuvo que vivir. Ella mató primero a esa persona que posteriormente la hirió. Ella acabó con su vida y la de la otra persona. Y ahí no puedo hacer nada… la otra persona fue más fuerte, es ahora un zombie, pero fuerte. Y se niega a dejarse ir… Y Victoria se volvió loca. No pudo… no pudo perdonarse. Ni nunca lo hará. Ni aunque le diera diez mil oportunidades.
  • Es una tristeza. Era una buena chica, simplemente no pensó antes de actuar.
  • Así es mi bello ángel. Ese error le costó la vida, pero le fue compensado con otro lugar donde jamás tendrá que recordar, ni volverá a sufrir, en mi reino. Ahora, vuelve a la fila.

¿que te diga lo que pienso? Ok.




Todo era tan distinto. Yo vi cómo poco a poco destrozaste un amor que pudo haber sido el mejor y más puro del siglo… pero preferiste seguir a tu confusión, a tu estupidez. Yo vi… cómo eras la persona más feliz y segura a su lado, ahora eres tan frágil… tan melancólica, estás triste todo el tiempo… ¿por qué? ¿Por qué lo hiciste? No te quedará más que vivir con la conciencia vacía, siendo una alma en pena atrapada en la tristeza, tratando de pagar y así llegar a sentirte un poco aliviada… Yo vi cómo te desmoronabas, cómo te dolía el corazón cuando te diste cuenta del mal que estabas haciendo, pero ya era tarde, todo había cambiado, te diste cuenta que ya no eres todo para esa persona, te diste cuenta de que ahora puede vivir sin ti… que sus ojos sí podrían ver a alguien más en algún momento, eso acabó con tu seguridad ¿no es así? ¿Saber que podría desear a alguien que no eres tú? ¿Pero por qué lloras? FUE TU CULPA, sólo tu culpa, eres estúpida, indecisa, inmadura, una chiquilla que no supo lo que tenía hasta que prácticamente lo perdió. No mires tus venas, de nada va a servir, no curarás nada, no arreglarás nada… Déjalo ya, que todo continúe, no cambiarás las cosas, no volverá nada a la normalidad, no seas tonta, tú lo ocasionaste… atente a las consecuencias, sé fría, acepta tu castigo, niña boba.

No me mires así, sólo te digo la verdad… No, no te voy a abrazar. Yo no lo haré, yo no quiero ni verte a los ojos. ¡Deja de llorar, maldita sea! Me tienes harto, concéntrate en otros asuntos, piensa en lo qué harás en vez de estar lagrimeando diariamente como un castrante bebé.

Tú lo hiciste, tú lo mataste para siempre, y aún no existe alguna poción mágica que reviva a un muerto, no sin hacerlo un zombie como lo que ahora tú eres. Siempre lo has sido, de hecho, nunca dejaste de serlo, ha ha… Pobre, sigue equivocándote y terminarás en el ataúd. Sigue cometiendo errores imbéciles que sólo se suman a tus torpezas, espero MÍNIMO hayas aprendido algo…

Que hayas aprendido a ser tú misma, a hacer lo que tú quieres… a amar a quien TÚ quieres, no todo lo que los demás desean que seas tú o que hagas tú. A ver si así razonas y te das cuenta de lo maravillosa que puede ser la vida cuando cumples tus deseos de buena manera, cuando no te dejas arrastrar por otras ideas ajenas a ti. Cuando te dejas guiar por tu corazón, por ese sentimiento tan hermoso que los humanos llaman amor. 

Por eso te aborrezco, tú desperdicias ese sentimiento, lo maltratas, lo hieres… eres una porquería, así de fácil. Já, no, no, esa mirada no me conmueve, de todos modos lo eres y punto.



Sí, lo sé, soy cruel… pero tú lo fuiste más. 

San Valentín.

Esta vez he llegado muy temprano a casa… Mi jefe me ha dejado salir antes con el pretexto de que debería ir a festejar San Valentín con los demás, pero no es algo que me agrade mucho.

Hace dos años, igualmente por estas fechas, asesiné a alguien. Y no me avergüenza decirlo… Realmente lo disfruté.
Era ya de noche cuando llegué a su departamento, tenía todo a oscuras. Sólo se podía apreciar la tenue luz de la enorme pecera que tenía junto a uno de los muebles de la sala. Caminé hacia el comedor, y dejé sobre la mesa los chocolates y un pequeño y dulce oso negro de peluche que le había comprado a mi único amor, en ese día tan "especial".
Como de costumbre, me fui hacia la cocina y busqué algo líquido en el refrigerador, saqué un poco de leche y la bebí. Después me dirigí hacia la alcoba donde él solía dormir, pero no estaba. Confundida, traté de llamarlo varias veces a su teléfono celular, pero no obtuve respuesta alguna. Finalmente me quedé dormida al pie de la cama… hasta que escuché varios ruidos.
Exaltada, corrí hacia la entrada y era él. Estaba empapado por la furiosa tormenta, que al parecer, había iniciado una vez que caí profundamente dormida.

Corrí a buscar una toalla y ropa limpia y seca, realmente me preocupaba el hecho de que fuera a enfermarse. Lo ayudé a que se cambiara y lo esperé a que recuperara un poco el aliente después de tanto correr.
Minutos después, capté que ninguno de los dos habíamos pronunciado palabra alguna. Así que me acerqué a la silla donde él se encontraba para darle un abrazo… pero él me apartó. Después de eso, fue aún más complicado mover los labios y articular una oración o cuando menos, pronunciar consonantes y vocales…

Él se quedó mirando al suelo… callado, pensativo, con un rostro que para mí era algo desconocido en ese momento. Entonces comencé a temblar y a respirar aceleradamente. Sabía que algo andaba mal.

Por fin me miró. Sus ojos llenos de lágrimas sólo me hicieron sentir aún más desesperada y confundida. "¿Qué sucede?!" Le grité. Pero lo único que hizo fue levantarse y caminar hacia la ventana. Pasaron los minutos… uno, dos, tres, cuatro minutos y el silencio me enloquecía.
Pero de pronto… comenzó a hablar.

"Sabes…? Hoy he descubierto que ya no te amo. He entendido que todo este tiempo ha sido una total y completa farsa. No significas nada para mí. No eres especial. No me ayudaste en nada. No llenaste mi cuerpo ni mi corazón. Ya no te amo Aliney. Tus besos no producen sensación alguna… tus abrazos y caricias parecen roces de mero papel… y debes saberlo, lo intenté. Intenté de todo corazón amarte y querer que estuvieras conmigo toda la vida… pero no fue posible. Quizás al principio sí me enamoré de ti, pero esa magia terminó. Sólo hay nada…" 

Me quedé paralizada. Sentí como cada una de sus hirientes palabras destazaron brutalmente mi corazón. De pronto estaba fría, helada, muerta. La vista comenzó a nublarse lentamente… y los mareos combinados con una acidez estomacal tan infernal, que creí que me estaba quemando por dentro. Mi rostro se llenó de lágrimas rápidamente, cayendo desesperadas sobre el suelo que yo miraba fijamente sin poder pestañear.
Levanté las manos y las presioné contra mi pecho, el corazón estaba desangrándose, estaba ardiendo acompañado de un latir estruendoso y anormal.

No me pude mover… Dejé de respirar, dejé de pensar.

Hasta que él se acercó y me sacudió delicadamente por los hombros. Entonces comencé a pensar.

¿CÓMO? ¿CÓMO FUE QUE SUCEDIÓ? TODO FUE UNA MENTIRA… UN SUEÑO QUE AHORA SE HA VUELTO PESADILLA…

"Perdóname", me decía repetidas veces. Pero apenas si mis pensamientos dejaban percibir su voz.

De pronto grité. Grité con todas mis fuerzas colocando mis manos sobre mis oídos y cayendo bruscamente sobre mis rodillas. Grité hasta que mis pulmones lo permitieron. Grité hasta sentir cómo se desgarraba violentamente mi garganta… Después, paralizada otra vez, decidí hablarle. Pero de mis labios sólo se pudo escuchar ¿POR QUÉ? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué..? ¿por qué?! ¿POR QUÉ?!, y él me interrumpió jalándome del brazo izquierdo. Lo miré fijamente hacia los ojos y me puse de pie.

Yo sí te amo Álex, yo sí entregué todo por ti. Le dije en voz baja. "Discúlpame Aliney…" Decía una y otra vez. Caminé hacia la recámara y con él detrás de mí.

No paraba de hablar. De decirme cómo había acabado ese falso amor de la noche a la mañana. Cómo había decidido estar solo. Prácticamente me explicó la manera en forma detallada de cómo me iba a abandonar.

Harta de sus estúpidas palabras sin sentido. Arranqué la lámpara que estaba sobre el buró y lo golpeé en la cara.
Para mi sorpresa cayó inconsciente en el piso y con el cuerpo medio recargado en el clóset. Comencé a llorar otra vez. No sabía qué hacer con su cuerpo inerte a mis pies. Estaba comenzando a enojarme… No quería volver a verlo en mi vida. Y sólo por la insignificante razón de que lo amaba con todo mi cuerpo, mente, alma y corazón. Así que tomé la pistola que tenía guardada en uno de los cajones del otro buró y le disparé en la cara hasta que quedó completamente deforme. Todo quedó bañado en su asquerosa sangre.

Fui hacia la puerta de entrada y forcé la chapa. Rompí varios vidrios y ciertas cosas, y regresé a la recámara con Álex. Después lo único que hice fue darme de tiros también…. entonces llamé a la policía. ‘Había entrado un extraño. Álex y yo, indefensos ante aquel ladrón, fuimos víctimas de su locura y blanco fácil de su aberrante tiroteo.’

No ha sido el mejor San Valentín que haya tenido en toda mi vida.

Una vez saliendo del hospital, mi vida volvió un poco a la normalidad. Me quedé con el departamento de Álex y todo aquello que en su testamento aún me pertenecía.

De nuevo estoy trabajando… y como verán, tendré que buscar algo qué hacer… porque como les mencioné….

Hoy mi jefe me ha dejado salir temprano.

Enamorada de la muerte.


http://img131.imageshack.us/img131/477/201774823oahnpqjmcuvnoyha4.jpg


Anoche, la muerte vino a visitarme. No puedo creer lo hermosa que es… Fue imposible dejar de mirar sus ojos negros y vacíos que me atraparon desde el momento en que la vi frente a mí.
La invité a pasar, y sin darme cuenta me dio un fuerte abrazo. Después, levemente me dijo al oído "Es hora"… su aliento helado recorrió todo mi cuerpo erizándolo por completo, mis latidos se aceleraron y mi respiración estaba incontrolable. De pronto sentí desvancerme en sus brazos, mientras ella deslizaba su mano por mi cuello hasta llegar al corazón… Atravesó mi pecho y estrujó ese órgano vital que no dejaba de latir aceleradamente. No puedo describir la sensación excitante que me ocacionó. De un momento a otro, mi respiración se detuvo, mi calidez desapareció, todo era oscuro y tranquilo. Por fin estaba en paz, por fin sola… aunque supongo que alguien levantará mi cuerpo del suelo, pero qué más da.


Asesino de Ángeles.

http://img156.imageshack.us/img156/6462/1162247017fnw6.jpg

Poco a poco se desliza entre las sombras,
poco a poco se consume su alma rota
y sus alas tan rasgadas
significan su derrota

Llora y grita el ángel muerto
pues por más que hace el intento
es ignorado, maltratado
y sufre más cada momento.

Tú le rompiste sus alas,
lo acuchillaste por la espalda,
lo retorciste con tu mirada,
mirada fría envenenada.


Tu suicidio.


http://img89.imageshack.us/img89/1936/02800oc8.jpg


Buenas noches, ¿cómo estás? La luz de la luna me ha puesto a pensar en lo que sucedió. Aún no lo asimilo, aún no puedo creer que te hayas ido de mi vida así como así. No digo que estoy muriendo, porque eso es mentira. Mi salud se encuentra de maravilla, pero mi mente se está consumiendo en pensamientos vanos que en definitiva deberían desaparecer. No puedo dejar de pensar en ti, de recordarte… De recordar tu aroma, tu presencia, tus palabras… tu bella sonrisa. No soporto el hecho martirizante de saber que estás tan lejos, y peor aún, que ni siquiera tú me pienses o me extrañes… eso es lo que más me destroza.

Te extraño, te necesito tanto…
El que te hayas ido de repente ni siquiera me dio tiempo de darme cuenta de lo que estaba pasando. Me dejaste con el amor intenso que aún te tengo y que aumentaba día a día que pasaba a tu lado. Fue como un tiro repentino en el centro del corazón… ¿por qué? ¿qué hice mal? Me estoy partiendo en mil pedazos, ahogándome en imágenes que inhundan mis pensamientos… todos los momentos, los abrazos, los besos, las risas… todo lo que eres tú.

No sé si estoy obsesionada, no sé cómo llamar a este sentir… pero daría TODO por volver a ver directamente tus ojos y decir que TE AMO…
Juro por la sangre ácida que corre por cada una de mis venas que esa frase no volverá a salir de mis labios, JAMÁS. Contigo la utilicé desde el fondo de mi corazón. ¿Por qué te fuiste de repente? ¿Por qué tenías que cortar de esa manera tu cuerpo? Prácticamente moriste en mis brazos… te amo y no me canso de decirlo… a pesar de lo malo que fuiste, de lo malo que eres… ni siquiera te importa cómo me siento, por qué no me buscaste antes de cometer esa tontería… por qué no me hiciste ver que sí fui algo especial en tu vida… por favor, quiero saberlo… Quisiera que todo fuera como antes, que estuvieras aquí compartiendo tu dulce compañía, tus pequeños y brillantes ojos que me decían mucho más que tu propia boca… ¿por qué si me amabas me abandonaste de esta manera? Eres injusto.

Pero sabes… estés en donde estés… estés con quien estés… te deseo lo mejor, que el haberte quitado la vida te haya llevado a un lugar más tranquilo. Espero que seas feliz, que lo que yo no logré darte ahí lo puedas encontrar. Ya que a pesar de que daría cada parte de mí para que volvieras… al mismo tiempo no quiero que estés conmigo otra vez, sólo quiero que estés bien, que te sientas realizado y tan contento como yo me sentía a tu lado… por favor sé el mejor… continúa siendo ese ser tan adorable que jamás podré olvidar… ama, ama de verdad para que no seas desdichado. Pero sobre todo HABLA, o te partirás en más pedazos de los que ya habías logrado obtener con tus constantes huídas.

Me arrancaste el corazón, que sigue siendo tuyo, espero un día tengas tiempo de devolvérmelo, porque es sumamente doloroso… además es extraño que mis venas y arterias estén conectadas a la nada, alimentando una mente lastimada y triste que no le queda más que escribir textos enfermizos con los cuales lo único que en realidad sólo quiere decir es:

"TE EXTRAÑO. TE AMO. ESPERO SEAS MUY FELIZ.


ADIÓS."


Amigas.


http://img187.imageshack.us/img187/5601/8b8be4f161c19924lz2.jpg


Ya era tarde cuando guardé el cuchillo con el que te corté el cuello. Creí que la luz de la luna ayudaría a iluminar el camino rocoso por donde te arrastré hasta la cabaña cercana al lago. Pero fue extraño, ni un poco de brillo se pudo apreciar desde el oscuro cielo. No fue difícil esconder tu pútrido cuerpo en el sótano. Hacía muchos años que nadie se acercaba a esa lúgubre cabaña, así que no me preocupé.


Primero te envolví entre las sábanas empolvadas que había en la esquina sobre una cama llena de muñecas con porte enfermizo. Créeme que lo hice con cuidado, no quería dañar tu dulce cabellera teñida a un color semejante al vino tinto; siempre me pareció bello. Pensé en cepillarlo antes de ponerlo en las sucias sábanas, pero sólo lo lavé un poco pues la sangre lo había dejando en malas condiciones. También quité las manchas de tu cara… De esa máscara que por tanto tiempo llevaste con tu estúpido orgullo ocultando lo infeliz y desgraciada que eras. Causaste mucho daño, pero ya no más. De hecho, se podía notar una leve sonrisa en tu mentirosa boca, pero, de nuevo, saqué el cuchillo que dio fin a tu vida, y te corté los labios. Sí, ya no estaba esa sonrisa fingida que siempre te caracterizó. Y a pesar de todo, me parecías hermosa; tus ojos almendrados de color café a tono miel… Tu piel pálida y tus suaves mejillas adornadas por el rubor natural que daba vida a tu rostro. No merecías morir de esa manera… debiste sufrir más. Debiste ver cómo tu sangre corría por todo el lugar. Quizás eso hubiera causado una sensación en ese corazón duro y frío que ahora se encuentra inmóvil.

Pero, al fin y al cabo, te saqué del sótano y te enterré en la parte trasera de la cabaña. En aquel jardín frondoso que ahora envenenarías con tu asqueroso cuerpo, con tu asquerosa sangre hipócrita. Pero no te preocupes, cada año vendré a visitarte, te traeré flores y rezaré por tu alma; para que se quede eternamente en el infierno y nunca pueda descansar.
En este momento, debo ir a avisar a tus conocidos, debo comunicarles sobre tu largo viaje. Quizás en unos años se pregunten por qué no regresas, y entonces te comenzarán a extrañar. Porque por ahora no te daré el gusto de que derramen alguna lágrima por ti.

Buenas noches, querida amiga.
Nos vemos el próximo año.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 446 seguidores